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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Agosto 20 / 2014

VIH: causa de discriminación en El Salvador

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Por Magdalena Flores 

El 31.4% de la población con VIH afirma haber recibido al menos una forma de discriminación en su vida. A pesar que está prohibido pedir la prueba de VIH para aplicar a un empleo, se sigue pidiendo en algunos lugares, incluso en el Estado  

 

SAN SALVADOR – Como un “disparo fulminante a quema ropa” recibió “Eduardo” la triste noticia que era portador del Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH, por sus siglas en inglés) y que por tal razón se le habría negado el ingreso como soldado en las  filas de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES).

 

“El día de la juramentación (17 de marzo 2010) un doctor me dijo que no me podía juramentar porque había salido con esa enfermedad –VIH”, contó entristecido el joven, a quien identificamos como “Eduardo”, dado que condicionó contar su historia mientras no se revelara su identidad.

 

“Eduardo” aseguró a ContraPunto que la fatal noticia se la dieron ante la presencia de su mamá y unos amigos de la familia que acompañaban a su madre para ver el acto oficial, en el que se convertiría en un miembro del Ejército salvadoreño. Ese sueño nunca llegó a raíz de su diagnóstico médico

 

“Me sentí mal por mi mamá, porque se puso llorar”, narró “Eduardo”, quien por momentos permanecía en silencio. Vuelve a tomar fuerzas para hablar y exclamó: “De un solo me dijeron que no me podía quedar trabajando ahí porque había salido con VIH y me hicieron firmar la baja al día siguiente”, agregó.

 

Este es un claro ejemplo de la discriminación que en la actualidad aún persiste hacía la población con VIH, y las instituciones estatales no son la excepción, pues “Eduardo” intentó ingresar al cuartel de Chalatenango y fue rechazado por su diagnóstico. Este joven pasó dos meses de adiestramiento en dicha unidad militar, pero el mismo día de su juramentación como soldado, vio sus sueños destruídos.

 

Sin embargo, José Danilo Martínez Duarte, comandante de Sanidad Militar de la FAES aseguró a ContraPunto que desconocía la situación, pero que le parecía raro “porque normalmente nos reportan los casos de VIH para que nosotros empezamos todo el proceso del tratamiento, para evitar que el paciente se convierta en una estadística más del SIDA”, detalló.

 

Además, aseguró que en “ningún momento se le ha dado la baja a nadie por ser portador o negarle el acceso por ser portador”.

 

La realidad es que el estigma y rechazo hacia las personas portadoras del virus aún sigue entre la población, con la diferencia que hoy es menos evidente que hace algunos años, cuando se descubrió el primer caso en El Salvador, en 1984.

 

El 31.4% de la población portadora afirma haber recibido al menos una forma de discriminación; el 28.9% asegura que han murmurado por su condición; un 11.8% ha recibido un insulto verbal; mientras un 5.7% asegura que ha sido acosada físicamente y el 3.3% recibió una agresión física, según se refleja en el “Estudio de Estigma y Discriminación en Personas con VIH/SIDA en el Salvador”, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

 

También, ese mismo estudio indica que el 15% ha experimentado exclusión familiar; un 11.9% exclusión religiosa y un 10.2% exclusión familiar.

 

Actualmente en este país centroamericano viven 25.350 personas con VIH  y de ésas, 8.000 han pasado a etapa de SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida), dijo a ContraPunto la directora del Programa Nacional de ITS/VIH-SIDA del Ministerio de Salud (MSPAS), Isabel Nieto.

 

Discriminación a través del tiempo

 

La discriminación y estigmatización hacia las personas portadoras del virus han variado con el transcurso del tiempo desde que surgió el primer caso de VIH/SIDA en El Salvador, en 1984.

 

En aquel entonces, cuando fue diagnosticado el primer paciente con VIH/SIDA en el Hospital Rosales, que por cierto fue un hombre que venía de Estados Unidos, se dio el primer caso de discriminación, dijo Doris Rivera, Coordinadora de Derechos Humanos de la Asociación Atlacatl, entidad que trabaja con personas portadoras.

 

“Fue rodeado en ese tiempo de toda la discriminación del mundo. Cuando esta persona fallece queman todo, la cama y las sabanas,en la que había estado tendido, los trastos que había utilizado... Todo lo quemaron”, detalló Rivera.

 

El VIH en un inicio era visto como algo mortal que se podía transmitir con sólo estar en contacto con una persona portadora, por lo que la gente arremetía cruelmente contra los pacientes. Un claro ejemplo de ello es lo que le tocó vivir a Guadalupe Iraheta, a quien en 1993 le diagnosticaron el virus.

 

“Primero pensé: soy casada, soy una mujer sumida en cuatro paredes; cuidando a mis dos hijas; lo terrible fue la forma cómo me dieron el diagnóstico. Era algo muy nuevo y alarmante, ni siquiera había llegado al consultorio cuando una enfermera del hospital me dijo: ¡Señora, señora, mire, usted tiene SIDA!”.

 

 “Eso fue horrible”, dice Iraheta, quien actualmente trabaja en la Fundación Salvadoreña para la Lucha Contra el SIDA (CONTRASIDA). Luego de comprobar que ella y su esposo eran portadores, y que las niñas no lo eran, inició un largo calvario.

 

Se comenzó a regar en el barrio, y llegó a los oídos de la directora de la escuela donde estudiaban mis hijas... en una escuela de monjas”, guarda silencio y rompe en llanto.

 

Respira y dice: “expulsaron a mis hijas. Dijeron que ellas no podían estar ahí porque podían tener SIDA. Eso fue una de las cosas más duras”.

 

“Mi familia comenzó a separar los trastes, y nos daban vasos desechables. En primer lugar a mis hijas ya no les daban besitos cuando las saludaban. Ahora las entiendo, porque por su ignorancia tenían miedo”.

 

“En la tienda ya no nos vendieron, empezaron a gritarnos sidosos, nos tocó huir a otro lugar”, recuerda con congoja Guadalupe Iraheta, quien ya tiene 17 años de vivir con el virus.

 

Este es un claro ejemplo de la discriminación fuerte que recibían las personas portadoras hace algunos años. Actualmente, aunque ha disminuido, todavía se siguen dando de forma sutil.

 

“Los matices han cambiado, antes era no voy a tomar agua de tu vaso pero ahora siempre hay discriminación en otro sentido, decime si sos VIH para protegerme”, dice  Marina Ortiz, Coordinadora de CONTRASIDA. 

 

“Hace 10 años la problemática de la discriminación se daba a un grado más alto al de ahora, porque la gente desconocía qué era el VIH.  La gente consideraba que era algo peligroso acercarse a una persona que tenía VIH”, dijo Oscar Hernández, de la Asociación Comité Contra el SIDA (COCOSI).

 

FAES en la mira

 

Para Rivera, de la Asociación Atlacatl, aún hace falta mucho para superar el estigma y la discriminación porque todavía  algunas lugares de trabajo siguen pidiendo la prueba de VIH para poder ingresar.

 

El artículo 30 del Código de Trabajo, sostiene en su ordinal 14 que es prohibido solicitar la prueba de VIH para ingresar a un lugar de trabajo. Pero a pesar de esa disposición legal todavía hay algunas empresas e instituciones que lo solicitan.

 

Aunque en algunos establecimientos no piden la prueba de forma abierta, a escondidas someten  a las personas al examen, como fue el caso de “Eduardo”, a quién no le dijeron en la Fuerza Armada que se lo iban a hacer.

 

“A todos nos hicieron un examen de sangre, entonces como me hallaron algo me hicieron dos exámenes más”, contó “Eduardo”.

 

“Nos dijeron que era para detectar cualquier enfermedad, pero no nos dijeron que era para detectar el VIH”, detalló el joven que actualmente se gana la vida como jornalero y vigilante de una finca ubicada en Aguilares, al norte de San Salvador.

 

Sin embargo, el Comandante de Sanidad Militar de la FAES, Martínez Duarte, reiteró que lo que hacen dentro de la institución es promocionar que se realice la prueba de VIH de acuerdo a lo que establece la ley, y que todo es voluntario.

 

“Por eso me parece raro que le hayan hecho un examen a alguien sin su consentimiento, porque no lo hacemos. Es una situación voluntaria, a nadie se le obliga a hacerse la prueba de VIH”, enfatizó Martínez Duarte.

 

A pesar de los argumentos vertidos por el comandante de que la prueba es de forma voluntaria, dos miembros activos del ejército, los cuales no quisieron identificarse por motivos de seguridad, afirmaron a ContraPunto que en la entidad castrense sí les realizan las pruebas de forma obligatoria por lo menos dos veces al año y cuando quieren ascender de rango.

 

“El que no se lo quiera hacer no se lo hace y eso no lo va limitar a él a seguir dentro de la carrera militar, entonces no es cierto que nosotros exijamos el examen”, enfatizó Martínez Duarte.

 

Al respecto el Coordinador del Departamento de VIH-SIDA y Derechos Humanos, de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Jaime Ernesto Argueta, reconoció que han “tenido conocimiento que se están realizando pruebas para entrar a la Fuerza Armada”.

 

Aunque mencionó que antes de pronunciarse al respecto tienen que “hacer la verificación respectiva, y tendríamos que hablar también con las personas que han sido víctimas de éstas”, dijo Argueta.

 

Ni públicas ni privadas deben pedir prueba

 

Está claro que ni en las instituciones del Estado ni en las privadas pueden solicitar las prueba de VIH al aplicar a un empleo, pero todavía se sigue dando. De confirmarse el caso de la FAES es todavía más grave, pues es una entidad estatal.

 

De acuerdo a Rivera, también en las empresas privadas se dan situaciones como la citada en la FAES, pero “lamentablemente no tenemos las pruebas contundentes. Entonces por eso no nos atrevemos a decir nombres”, expresó Rivera.


El Ministerio de Trabajo tiene una unidad especial de Género y Prevención de Actos Discriminatorios que se encarga de verificar cada tres meses que no se realicen actos discriminatorios en los lugares de trabajo.

 

De acuerdo al jefe de dicha unidad, Ronoel Vela Cea, “durante este año no ha venido ni tan solo una persona a interponer una denuncia porque la hayan discriminado por ser portador; en 2008 se recibieron tres denuncias, en el 2009 dos y este año ninguna”.

 

Aunque recalcó que eso podría deberse a que las personas desconocen que la unidad existe o por temor a represalias.

 

Datos de la PDDH del 1 de enero de 2009 hasta principios de octubre de este año indican que sólo se ha recibido 10 denuncias por discriminación y falta de medicamentos.

 

“Eso es mínimo con todo lo que está sucediendo. Porque muchas veces la gente está estigmatizada, discriminada y tiene miedo de acercarse a solicitar los servicios”, dijo Argueta de la PDDH.

 

Muchas de estas personas se autoexcluyen. Así lo demuestran los datos preliminares del estudio del PNUD sobre el estigma y discriminación, publicados durante 2009.

 

Según el estudio del PNUD  el 67.2% decidió no tener hijos; el 34% optó por no tener relaciones sexuales; el 33.3% por no contraer matrimonio; el 26.9% se ha aislado de su familia y amistades; mientras que el 25.9% ha preferido no asistir a reuniones sociales.

 

Por otra parte, el 16.9% ha evitado ir a una clínica local cuando lo necesita; mientras que el 15% ha evitado solicitar un empleo o pedir un ascenso laboral. El 14.1% decidió dejar de trabajar; un 11.3% decidió abandonar su educación y no acceder a alguna oportunidad educativa; mientras un 6.9% evitó ir a un hospital local cuando lo necesitaba.

 

Retos a superar; caída del mito

 

Otro de los grandes retos a superar es que hay muchas personas que siguen pensando que el VIH solamente le afecta a personas de diversidad sexual o a trabajadoras sexuales. Es uno de los mitos que está costando mucho desmontar, indicó Rivera.

 

De los 1,399 casos nuevos registrados este año hasta el 7 de octubre, sólo 70 son de personas con preferencias sexuales diferentes, lo que significa que la población heterosexual es más propensa a contraerlo.

 

He sufrido discriminación, pero no la gran cosa porque siempre he mantenido mi enfermedad en secreto, incluso mi identidad como gay, no la divulgo”, dijo a ContraPunto el entrevistado “Edwin” (seudónimo), un hombre de 35 años que contrajo el VIH cuando apenas tenía 19 años.

 

Él no quiso identificarse porque no le gusta que nadie se entere de su condición por temor a ser discriminado. Aunque afirma que muchos de sus amigos han sido doblemente rechazados por su condición.

 

También en el ámbito de salud hace falta mejorar, porque se sigue dando discriminación, sostiene Ortiz, de CONTRASIDA.

 

“No se cuenta con una estructura adecuada dentro de los hospitales, porque en primer lugar no tienen privacidad, se violenta mucho la confidencialidad, en la parte del mal manejo”, dijo Rivera.

 

“Una cuestión muy fuerte de discriminación y de derechos humanos es no tener completamente el medicamento que se necesita para la atención del VIH”, añadió Ortiz.

 

Sin embargo, Isabel Nieto, del Programa de ITS, VIH-SIDA del MSPAS, sostiene que se ha avanzado en el sector salud en la concientización del personal para evitar la discriminación. Aunque reconoce que “no dejan de haber situaciones esporádicas en las que, por actitudes personales, pueden darse hechos de discriminación hacia las personas, principalmente con orientación sexual diferente”.

 

Además, dijo que “este es un año que no ha habido desabastecimiento ni de medicamentos ni de reactivos”.

 

Lo cierto es que la discriminación en la actualidad se da en una forma más moderada en relación con años anteriores, pues la mayoría de personas saben que es una enfermedad crónica que no se puede trasmitir tan fácilmente, como todavía piensan algunos.

 

“Yo vivo con mi hermana y su familia y todos son negativos, y es ahí donde compruebo que no es peligroso que otra persona salga afectada si uno se cuida”, dijo Edwin. Esto demuestra que no es necesario tanto rechazo y marginación hacía estas personas.

 

Lo que sí es importante señalar es que, aunque no se transmite tan fácilmente, hay que ser más conscientes de esta enfermedad que le ha costado la vida a 25 millones de personas en el mundo, por lo que es necesario usar un condón si tiene relaciones sexuales, pues el 89.1% de la población ha adquirido el virus por la vía sexual en este país.

 

Actualmente  33.4 millones de personas viven con el VIH a nivel global, de éstas, 2 millones viven en Latinoamérica.

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