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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Octubre 30 / 2014

Comida chatarra inunda centros escolares de C.A.

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Por Marcela Vaquero

La venta de alimentos chatarras que contiene alto grado de grasa, azúcar y sal en los centros educativos es una de las mayores amenazas para la salud de los niños. Se requiere de políticas más agresivas que regulen el consumo y venta de estas golosinas.

 

SAN SALVADOR - William Cerritos, de ocho años, cursa tercer grado en la Escuela República de Uruguay, en San Salvador. Es un aficionado al fútbol y le encantan los videojuegos. Disfruta los recreos con sus amigos y con ellos tiene algo en común: le encanta consumir dulces, churros y todo lo que suene a “comida chatarra”.

 

“Es que tienen un sabor rico”, expresa Cerritos, mientras sujeta una bolsita de elotitos en su mano.

 

Como él también hay otros niños que prefieren ingerir este tipo de productos que son altos en grasa, azúcar y sodio (sal), pero que, por algún motivo (generalmente económico, porque genera ganancias), aún siguen siendo vendidos y promocionados en las tiendas de los centros educativos. Dichas comidas, por lo general, se consumen para satisfacer un antojo.

 

Sin embargo, ingerirlos se ha convertido en un hábito que han adquirido los niños, niñas y jóvenes. Y desconocen que a raíz del consumo de estos productos pueden llegar a padecer obesidad, diabetes e incluso anemia, tal como lo advierte un estudio del Centro para la Defensa del Consumidor (CDC) en torno a la ingesta de esos alimentos por parte de escolares en Honduras, Nicaragua y El Salvador.

 

El estudio “Comida Chatarra en los Centros Escolares”, hecho público el pasado 8 de febrero, es de los primeros esfuerzos que tratan de lanzar una luz de advertencia sobre el consumo de productos poco saludables en las escuelas de la región.

 

Se conoce como “comida chatarra” los productos que aportan poca cantidad de nutrientes pero que, además, contienen ingredientes que pueden afectar la salud, cuando son ingeridos con frecuencia o en forma regular, según la organización Kids Health, que se dedica a brindar información a padres de familia sobre la salud y educación de los niños.

 

Son considerados alimentos chatarras aquellos productos en cuya elaboración se utiliza mucha grasa y azúcar, los que son sometidos a procesos industriales y poseen un periodo de caducidad prolongado.

 

En los países desarrollados, la ingesta de esos productos en las escuelas es impensable, precisamente por las repercusiones en la salud. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2005, se reportó que, al menos, 20 millones de menores de cinco años tenían sobrepeso, en el mundo. Además, la población total de adultos (mayores de 15 años) era de 1,600 millones y al menos 400 millones eran obesos. Se estima que para el 2015 estas cifras aumentarán a 2,300 millones y 700 millones, respectivamente.

 

En casa de herrero, cuchillo de palo

 

Las escuelas se han convertido en los lugares idóneos para la distribución de este tipo de productos. Se comercializan las golosinas –dulces y saladas—, cuyo único aporte nutritivo es azúcar (u otros carbohidratos) y grasa, con escaso o nulo contenido de proteínas, fibra y minerales, es decir, son fuentes de calorías vacías. Y los niños se han convertido en los principales consumidores de este tipo de productos que son de fácil acceso para ellos. 

 

Hasta el momento, no existe ninguna política institucional y ministerial que regule la venta de alimentos chatarras en las escuelas. Simplemente existe un apartado en los planes de estudio que pretende educar a los niños en cuanto al tema de la alimentación.

 

“Por poner un ejemplo, en un programa de tercer grado se contempla el tema de nutrición, hábitos higiénicos e importancia del agua. En estos planes se encuentran esos apartados especiales acerca de cómo debe de ser la buena alimentación”, reconoce a ContraPunto Leonel Ortiz, director de la Escuela República de Uruguay.

 

Paradójicamente, en las mismas escuelas donde se enseñan esos conceptos de buena alimentación hay también cafeterías o tiendas saturadas de golosinas, una contradicción del tamaño de Júpiter, tan grande es.

 

Y aunque que en las escuela se encuentra el principal foco de distribución de estos alimentos, el consumo de estos es una estructura mental que los niños ya manejan desde sus hogares.

 

“Por cultura popular la madre o padre lo que hace es darle dinero al niño para el churro o llenarle la lonchera de esas cosas”, comenta Ortiz.

 

Del dicho al hecho

 

El estudio del CDC tomó como muestras cinco centros educativos, de cada uno de esos tres países, con el propósito de determinar el tipo de boquitas y bebidas comercializados en las tiendas escolares. En la muestra participaron 252 estudiantes, entre los ocho y 18 años.

 

Se seleccionó 10 variedades de boquitas que fueron sometidas a estudios para determinar el contenido de sodio y grasa del producto. La selección estuvo determinada por el nivel de aceptación entre las y los escolares sondeados.

 

Los resultados demostraron que las y los niños tienen como preferidos, en el área de boquitas, los Jalapeños (fritura de maíz) con una aceptación del 19.05% y los Nachos  (13.49%); elaborados por  Productos Alimenticios Diana.

 

En cuanto a las bebidas, prefieren la Coca Cola (29.36%), de Industrias La Constancia.

 

Para informar y advertir al público sobre los riesgos de consumir estos productos, otros países han establecido mecanismos para salvaguardar la salud de los consumidores, especialmente los niños. Por ejemplo, en el Reino Unido se ha desarrollado el “Sistema de Colores del Semáforo”, implementado por la Agencia de Normas Alimentarias en supermercados y centros educativos.

 

Es un esquema simple de etiquetado en el que los y las consumidoras identifican los alimentos que pueden perjudicar su salud y que debe consumir con menor frecuencia. De acuerdo con este criterio los alimentos se pueden clasificar en altos (rojos), moderados (amarillos) o bajos (verdes), según sea el grado de grasa, grasa saturada, sal y azúcar que contenga el producto.

 

El estudio del CDC tomó ese mecanismo para elaborar una tabla con los productos más riesgosos. Por ejemplo, el producto preferido de los niños, Jalapeños, se encuentra en el rango de altos (rojo) en grasas, con un contenido de 29.95%. Asimismo, sobresalen, por su alto contenido en grasas, los Churritos, Quesitos Diana y las Zibas de Yummies, con cantidades mayores de 30%.

 

De igual forma, la bebida que revela ser la preferida, Coca Cola, se agrupa en la categoría de alta en azúcar con un 7.63 gr. Le siguen Pepsi (7.26 gr.), Del Valle Fresh (5.64 gr.) y Cascada Naranja (5.62 gr.).

 

ContraPunto intentó entrevistar a ejecutivos de Diana y de Industrias La Constancia, pero las entrevistas no fueron otorgadas.

 

Sí, a lo mejor, no se sabe

 

Estos datos revelan que los productos que los niños están consumiendo son una total amenaza para su salud.

 

El ministerio de Educación ha mostrado, desde siempre, una actitud permisiva sobre este asunto, como si no le incumbiera que los y las escolares no coman productos dañinos a la salud.

 

Las actuales autoridades de Educación dicen estar conscientes de la necesidad de mejorar la alimentación del estudiantado, y hasta tienen programas pilotos, como el de Tienda Escolar, que pretende normar lo que se vende en las escuelas, y el de Huerto Escolar, a implementarse en algunos centros en mayo próximo.

 

Pero no tienen claro si se prohibiría el consumo de golosinas en las escuelas, que sería lo ideal.

 

“Con el programa buscamos promover el consumo sano de alimentos (…) pero no podríamos decir si eliminaríamos la venta de los productos (chatarra)”, dice a ContraPunto la jefa de Alimentación y Salud Escolar del ministerio de Educación, Ana Najarro.

 

A la llegada del nuevo gobierno al poder, el ministerio de Educación (Mined) implementó el Programa de Alimentación Escolar, que consiste en brindar un refrigerio que aporte nutrientes necesarios para un buen desempeño y salud del estudiante.

 

Según el director de la Escuela República de Uruguay ésta ha sido una de las mejores medidas que ha ejecutado, hasta el momento, el Mined.

 

“Mientras estos refrigerios se reparten, el consumo de comida chatarra disminuye notablemente”, asegura Ortiz.

 

Sin embargo, el programa no ha sido diseñado específicamente para disminuir el consumo de la comida chatarra, sino para poder apoyar la dieta del estudiante y mantenerlo atento en clase.

 

¿Adónde queda la salud?

 

“Llenar el estómago con chatarra no es nada nutritivo. Pueda que caiga en la desnutrición o el niño incremente de peso por tanta grasa”, expresa José López, profesor de Ciencias Naturales, de la Escuela República de Uruguay. 

 

No sólo se trata de saber que las boquitas contienen altos grados de azúcar o grasa, sino que éstas están siendo elaboradas con productos modificados genéticamente, como lo son los transgénicos.

 

El análisis de la CDC demostró que cuatro muestras de los productos Diana (Churritos, Elotitos barbacoa, Jalapeños, Nachos) y dos de BocaDeli (Buenachos y Piguis) poseen trazas o cantidades minúsculas de transgénicos.

 

Según la OMS, los alimentos transgénicos representan riesgos potenciales para la salud y el desarrollo, por lo que antes de permitir su comercialización deben ser sometidos a evaluaciones, para prevenir daños en la salud y el medio ambiente.

 

“Aunque en los empaques aparezcan una tabla nutricional, realmente estos productos no cuentan con las cinco partes fundamentales (carbohidratos, fibras, vitaminas, minerales y grasas) de la nutrición de un humano, comenta el profesor López.

 

En los países de Centroamérica existen leyes que regulan la venta de productos alimenticios, pero pueda que éstas no estén siendo debidamente implementadas en la práctica.

 

En el caso de El Salvador el Código de Salud norma todo lo referente a los alimentos y bebidas, en el artículo 82 al 95. Esa legislación faculta al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) para emitir las normativas necesarias a fin de regular la elaboración, distribución y comercialización de los alimentos destinados al consumo público.

 

En Honduras le compete al Ministerio de Salud el control y regulación sanitaria de la producción, almacenamiento,  transporte y distribución de alimentos. Además, es el encargado de regular la publicidad  de alimentos en materia de salud.

 

Pero en la mayoría de los casos las normativas son casi letra muerta.

 

Se necesitan más medidas que den la pauta para disminuir o erradicar el consumo de la comida chatarra en los centros escolares. Sin embargo, es necesario que la familia ayude a crear una cultura de alimentación saludable.

 

“La educación debe de comenzar en la casa. Si el padre educa al hijo y evita el consumo de estos alimentos desde el hogar, el niño puede cambiar su mentalidad para ser un ciudadano que consume alimentos de forma responsable”, añade López.

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