Estas visitando Archivo ContraPunto

Para ir a Diario Digital ContraPunto click AQUI

Facebook RSS Twitter

Noticias de El Salvador - ContraPunto

Octubre 26 / 2014

El rol actual de la política fiscal en El Salvador

E-mail Imprimir PDF


Por Saúl Díaz Ortiz (*)
Un análisis del re-enfoque de la política fiscal del gobierno salvadoreño en turno, implicaciones y desafíos.

SAN SALVADOR-El año finalizado hace dos meses fue el peor en décadas para la economía salvadoreña. Solo para mencionar unas cuantas cifras rojas (todas de acuerdo a las estadísticas más recientes del Banco Central de Reserva): el Producto Interno Bruto –PIB- acumulado hasta octubre decayó 2.9% con respecto al mismo periodo del 2008, retrocediendo a los niveles de hace dos años; el pilar del consumo salvadoreño, las remesas, disminuyeron 8.5%; las exportaciones cayeron un estrepitoso 16.5%, retrocediendo tres años; hasta noviembre, el Índice de Actividad Económica (cuyos movimientos muestran que tan ágil es la economía) se contrajo 7.1%;  se estima que el déficit fiscal (brecha entre los ingresos del Estado y el gasto que este mismo realiza) será el 3.7% del PIB de 2009, el más alto desde el año 2003; y la lista continua.

Todos los datos anteriores reflejan el estado de recesión económica que vive El Salvador y que todos llaman “la crisis”. Estas cifras alarmantes también generan avisos a los formuladores de políticas públicas para que elaboren acciones que detengan esta tendencia hacia abajo y hacia el retroceso a niveles de producción, déficit fiscal, actividad económica y consumo superados hace dos o tres años.

En cuanto al ámbito económico, luego de la entrada en vigencia en 2001 del dólar como moneda de circulación, la única política pública que puede utilizarse es la fiscal.  En términos sencillos, política fiscal se refiere al manejo eficiente y eficaz de los ingresos y egresos de un Estado durante un periodo determinado.

Entonces, ¿Cuáles son las acciones en política fiscal más importantes que ha tomado el Gobierno actual? Y ¿Cuáles han sido sus resultados hasta el momento? Por el lado del gasto, se optó por iniciar (al menos eso fue lo que se declaró a través de los medios de comunicación), un proceso de austeridad que recortara el gasto público en aspectos innecesarios y redirigirlo a realizar desembolsos con mayor repercusión dentro de la población.

Esto último se vio evidenciado en el programa “Paquetes Escolares” del Ministerio de Educación, el cual con muy buenas intenciones pero con pésima organización trato de generar mayores ingresos y reactivar las economías locales de cada municipio del país (objetivo por cierto que deberían tener la mayoría de programas de desarrollo por parte del gobierno). La inexistencia de un proceso de identificación de artesanos y artesanas, y el poco tiempo en el proceso de “licitación” que siguió el programa, ha generado atrasos en la entrega de los uniformes y desconfianza en la población. En este aspecto, la eficiencia de los $80 millones desembolsados en este programa, parece no existir y la eficacia de los mismos está en duda, ya que a dos meses de haber iniciado el ciclo escolar aún no se ha entregado la totalidad de paquetes.

Otro ejemplo de este tipo de gasto público está representado por el aún no ejecutado programa “Casa para todos”, el cual en su primera etapa costará más de $30 millones y a la fecha tiene problemas de organización parecidos al de “Paquetes Escolares”, puesto que cuenta con dos meses de atraso.

Por el lado de los ingresos, el Gobierno actual formuló y puso en marcha una reforma tributaria que es vigente desde el 1º de enero de este año. Esta reforma está basada en dos grandes grupos: creación de nuevos impuestos y modificación de tributos ya existentes. La reforma en un inicio se planteó recaudar $250 millones adicionales y luego disminuyo a una meta de $175 millones.

Dentro de los nuevos tributos se pueden mencionar: impuesto a la primera matricula de autos, buques, aeronaves, botes, etc; impuesto a bebidas energizantes, jugos, néctares, etc; impuesto a la producción e importación de combustibles a base de petróleo (el cual obviamente es trasladado al consumidor); impuesto ad valorem de las bebidas alcohólicas (antes solo existía un impuesto a los grados de alcohol); entre otros. Al observar las modificaciones se tienen algunas como: impuesto a los intereses obtenidos por depósitos con saldos mensuales promedios arriba de $25,000; aumento del impuesto específico a productos del tabaco; aumento del impuesto específico por grado de alcohol de las bebidas que lo contengan; etc. Al observar dichos elementos, se puede manifestar que la reforma está fundamentada mayoritariamente en gravar el consumo de algunos productos catalogados como innecesarios (al menos desde el punto de vista que se puede seguir viviendo sin la adquisición de los mismos).

En relación a lo anterior, la teoría económica indica que en tiempos de escasez como los que se viven en la actualidad, el consumo de este tipo de bienes se reducirá  para ocupar los ingresos obtenidos en productos de primera necesidad como vestimenta, alimentos, artículos básicos de higiene, medicamentos, entre otros.

Dicho esto, parece ser que la realidad y la teoría coinciden en el caso de la reforma fiscal aplicada en El Salvador, puesto que de acuerdo a datos del Ministerio de Hacienda, hasta el 15 de febrero pasado la recaudación se había reducido en un 0.4% con respecto al mismo periodo del año anterior. El pago a cuenta del Impuesto Sobre la Renta disminuyó 12.4%, lo que demuestra la baja actividad económica actual; los impuestos específicos al consumo (cigarrillos, cerveza, gaseosas, etc.), los cuales son una fuente importante de ingresos del FOSALUD disminuyeron en 8.4%; el FOVIAL cayó casi un 2%; entre otras disminuciones. Cabe mencionar que aunque en términos generales la recaudación de IVA aumentó en más de $10 millones, esto solo es a causa del impuesto gravado a las importaciones (el cual aumento en más de $11 millones), puesto que el IVA gravado al consumo interno (el que se paga cada vez que vamos al supermercado), cayó en un 1.2% demostrando el bajo nivel de consumo actual que tiene el ciudadano salvadoreñ
o promedio.

Aunque no es posible realizar una evaluación a fondo de esta reforma con solo dos meses de vigencia y con datos de solo 45 días, es importante notar que tasar un débil consumo podría conllevar a resultados opuestos a los esperados.

En tiempos turbulentos y con solo un arma disponible, la política fiscal debe ser más  completa en todos sus aspectos: planificación inteligente y organizada del gasto público; y reformas fiscales integrales que no solo graven el consumo, sino que generen efectos redistributivos dentro de la economía. El famoso pacto fiscal podría contribuir a estos propósitos pero en cuanto más se atrase la negociación y puesta en marcha del mismo, más será el sufrimiento de la economía nacional y de los más de 10,000 nuevos desempleados que se generaron hasta noviembre de 2009, de acuerdo a las estadísticas de cotizantes del Instituto Salvadoreño del Seguro Social.

(*) Economista y colaborador de ContraPunto
 

Otros medios

Diario Cultural de El Salvador contrACultura

Portal de Audiovisuales ContraPuntoTV

Galería de Fotos ContraPuntoFoto

Archivo Digital Roque Dalton Roque Dalton