
Un seminario celebrado en San Salvador pone de relieve los vacíos existentes y los posibles caminios para llenarlos y configurar una historia verdadera
Por Fernando de Dios
SAN SALVADOR – “Hemos trabajado la guerra psicológica. Ésa contra el enemigo, sea político, del partido, o de otros lados. Así como estos terengos que nos atacan, también nosotros hemos tenido nuestros planteamientos de propaganda para golpearlos a ellos”, dijo Roberto D´Aubuisson, figura preponderante de la derecha salvadoreña, en un discurso durante la guerra.
Esta fue la realidad en la guerra de El Salvador. Como en todos los conflictos, las partes produjeron información propagandística que constituyó un frente de batalla más.
La Comisión de la Verdad consideró probado que los medios de comunicación del país tampoco fueron capaces ni estuvieron interesados en ofrecer información fidedigna, sino que se convirtieron en un altavoz del discurso oficial.
Los medios de la guerrilla, mucho más marginales y clandestinos, también cumplieron su papel.
De hecho, es un lugar común que la información más valiosa sobre el conflicto de El Salvador fue producida por los medios internacionales, mediante sus reporteros destacados durante años en el país.
Suele ser una vez terminados cuando estos episodios pueden ser estudiados con objetividad y conocida su verdadera dimensión, los detalles al interior de sus actores armados, los grupos políticos que los apoyan y las consecuencias de las acciones que perpetraron.
Sin embargo, en El Salvador, en buena medida, ese trabajo no se ha podido realizar.
Si se hace caso a sus participantes y organizadores, el seminario Historia, Sociedad y Memorias: el conflicto armado en el 20 aniversario de los Acuerdos de Paz, desarrollado durante los pasados 15, 16 y 17 de febrero en el Museo Nacional de Antropología (MUNA), fue la más importante reunión de investigadores y personas relacionadas con la historiografía sobre la guerra civil de El Salvador desde su final el 16 de enero de 1992.
A 20 años del momento que dio por finalizada la pugna bélica, mucho se ha producido referente a aquellos 12 años en los que una guerrilla insurgente desafió a un Estado que había sido regido por la Fuerza Armada por casi cinco décadas.
Las ponencias y mesas redondas sirvieron para sacar algunas conclusiones y sobre todo para hacer proyecciones de futuro, con el objetivo compartido por las personas que se dedican a ello de realizar una revisión rigurosa del conflicto y dar a conocer a la ciudadanía una versión sin pasiones, sin ideologización, que presente la verdad pura y simple de los hechos.
“Creo que, después de finalizada la guerra es el primer evento en el que los que trabajan el tema logran reunirse y analizar el conflicto”, fue el balance hecho por Jorge Juárez, intengrante de la Unidad de Estudios sobre la Guerra Civil Salvadoreña del la Universidad de El Salvador (UES), uno de sus organizadores.
Juárez también señaló que lo que queda es poner en orden todo lo hablado y discutido durante esos días, ponerlo por escrito y publicarlo, con la idea de que es un buen punto de apoyo para que en el futuro se vaya avanzando y se pueda conocer lo que aun no se conoce.
Y es que este seminario sirvió, principalmente, para conocer los principales vacíos que hay en el conocimiento histórico del conflicto.
Para el investigador de la Universidad de Santiago de Compostela, Eduardo Rey Tristán, que lleva varios años en el país estudiando el conflicto salvadoreño, los principales vacíos son el conocimiento de la derecha y el Ejército durante la guerra, la evolución política de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) durante y después de esos años y muchas cuestiones referentes a violaciones de derechos humanos, tanto las perpetradas por la Fuerza Armada como también las que cometió la guerrilla.
En ese sentido, el investigador español considera que los propios protagonistas de la guerra son los que no han querido que se conozca la verdad de muchas situaciones. Incluso, apunta que la propia negociación y firma de los Acuerdos de Paz fue algo cocinado por ellos, con lo que ellos mismos protagonizaron la paz y escribieron la historia que más les interesó.
“Yo creo que hay una clave, que es qué representan los acuerdos, quién los firma y quiénes son los protagonistas políticos de la paz. Son los mismos, una parte de los contendientes. La paz la firman y luego la protagonizan aquellos que estuvieron implicados en ese proceso”, señala Rey Tristán.
También afirma que la Ley de Amnistía es un muro que no permite que salgan a la luz muchas de las
realidades de la guerra y que en ese sentido, ni la derecha ni la izqueirda han mostrado el más mínimo interés en remover ese muro.
“A nadie le ha importado la Ley de Amnistía y nadie ha luchado, lo vemos estos días en este gobierno, por superarla, a pesar de lo que ha dicho Naciones Unidas sobre su ilegalidad. Si no se ha avanzado es porque no ha habido voluntad política por ninguna de las partes para avanzar, más allá de discursos”, recalca el historiador.
El director del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), Carlos Enrique Consalvi, afirmó que para la institución que dirige este encuentro ha sido un “momento histórico”, un evento único que ha permitido mostrar a investigadores y estudiantes el material que manejan.
El que fuera la voz de Radio Venceremos bajo el pseudónimo de Santiago también expresó la espectativa de que en un futuro cercano el Estado y la Fuerza Armada abran sus archivos para que se pueda construir una verdadera historia de El Salvador.
“Una espectativa que se crea a partir de este encuentro es la apertura de los archivos del Estado, lo que incluye los archivos de la Fuerza Armada. La espectativa de toda la comunidad de investigadores es que se habran los archivos del 32 y los de la guerra de los 80 para que a partir de esas fuentes primarias podamos construir nuestra historia”, demandó Consalvi.
Otro investigador extranjero que ha estado en El Salvador durante muchos años estudiando el conflicto es el antropólogo holandés e investigador de la Universidad de Utrech Ralph Sprenkels. Fundador de Pro Búsqueda, estuvo diez años en el país dentro del movimiento de organizaciones de derechos humanos que trabajaron la memoria histórica durante los años 90.
Hoy, ya con lazos familiares en el país y desde una visión más centrada o menos ideológica, analiza de forma exhaustiva dónde están las claves para que El Salvador llegue a conocer mejor la verdad histórica de la guerra que marcó de forma tan determinante su historia reciente.
Ésta es una parte de la entrevista que ContraPunto realizó a Ralph Sprenkels tras el seminiario celebrado en el MUNA.
¿Cuál su balance de este seminario?
Lo que me interesa particularemente es en este momento histórico es la necesidad de generar nuevas lecturas e interpretaciones de la guerra civil y su herencia.
En ese sentido, en este seminario casi todas las ponencias se han referido de manera explícita a la guerra civil y, haciendo balance de las lecturas tradicionales o comunes o desde una posición determinada de la historiografía pasada, lo han puesto en contraposición con nuevas e incipientes lecturas e ideas.
Esas lecturas, por lo que he oído, están inspiradas generalmente por una creciente desideologización de la interpretación del conflicto y de la narración de los hechos del conflicto. En cambio, miran a la ideología y el uso del discurso en el conflicto como parte del tema y de la problemática que hay que estudiar.
O sea, se toma a las ideologías como parte del objeto de estudio. Eso contribuye a quitarle pasión al análisis, ¿no?
Claro, y hace añadir otro nivel de reflexión: ¿Qué significa que este mensaje, esta ideología, haya coaligado estas voluntades en este momento?
Otro tema interesante que ha surgido de este seminiario es que ha quedado en evidencia que sabemos relativamente mucho, aunque con vacíos muy significativos, de la insurgencia; que sabemos mucho menos de la Fuerza Armada; y que sabemos casi nada de lo que yo llamo la derecha militante, que fue un actor clave del conflicto y que operó desde algunos sectores de la Fuerza Armada, desde el paramilitarismo y desde el activismo político alrededor de los núcleos que después formarían el partido ARENA.
También los círculos empresariales que lo financiaron.
Correcto, jugaron un papel clave. Si D´Aubuisson fue la figura central, la cara pública, y su aporte a ese movimiento lo convierte en un movimiento militante, gente de la misma derecha lo ha expresado en algunos estudios, eso significa de alguna manera la adopción de la derecha de la caja de herramientas de las organizaciones político militares; violencia clandestina, más excesiva que la de las organizaciones político militares, pero con la misma idea de redes de organizaciones de alguna manera intransparentemente vinculadas y compartimentadas; y la combinación de la lucha militar con la lucha política.
Es decir, se sabe cómo se forman los grupos de la izquierda, durante los 70, cómo pasan de ser organizaciones políticas a grupos armados, pero el proceso de la derecha no se conoce. Pero, ¿no cree que es porque en muchos casos ellos mismos no quieren que se conozca, al contrario de muchos de los que militaron en la izquierda?
Es cierto que hay un ocultamiento de aspectos claves, por ejemplo el empleo de la violencia clandestina, la violencia militar, desde de la derecha. También hay un ocultamiento de ciertos aspectos en la bibliografía generada sobre la insurgencia desde la izquierda. No es de la misma envergadura el nivel de ocultamiento, pero sí hay paralelismos. Tienen en común querer evitar ser implicados en hechos que restan crédito a su lucha reivindicativa. Ambos presentan su proyecto, tanto D´Aubuisson como la insurgencia, como una lucha reivindicativa.
Entonces, para superar la falta de conocimiento desde la derecha, hemos tratado en este seminario de tomar algunos pasos en ese sentido, sobre todo con respecto a las fuentes. Estuvo la Fuerza Armada dando una presentación de su archivo histórico en una mesa redonda; hubo también presentaciones de otras instituciones que tienen archivos referentes a actividades de escuadrones de la muerte, como los tiene el CIDAI (de la UCA); y sobre todo esperamos haber inspirado a estudiantes a retomar temas de la guerra civil e ir escogiendo entre esos temas lo que fue la derecha, lo que fue el PDC, que es otro actor muy importante poco estudiado, y lo que fue también los sectores paramilitares y los sectores del Ejército.
Hay algunos estudios muy interesantes sobre el Ejército que los hicieron asesores militares gringos, que son publicados en editoriales académicas en Estados Unidos y que aquí poco se conocen; hay también un trabajo de una académica estadounidense que se llama Julie Mazzei, que habla de paramilitarismo en América Latina y tiene un capítulo sobre el caso salvadoreño bastante bien documentado. Pero falta hacer aun mucho, sobre el Ejército y su ámbito interno.
Yo lo que expuse es que hay dos cosas fundamentales que se desconocen; una es lo referente a violaciones a los derechos humanos y todas sus implicaciones; y lo otro es lo referente a los ámbitos internos de las organizaciones y sus interrelaciones con otras, las negociaciones y los pactos que hacían debajo de la mesa.
Esos son los retos que se tienen para la investigación futura de la historia de la guerra civil.
Incluso en muchos casos quién tomó ciertas decisiones, como poner en marcha ciertos operativos en la guerra por parte del Ejército, que dieron como resultado las masacres, o por ejemplo los secuestros de alcaldes por parte del FMLN.
Sí, digamos que hubo un fenómeno en Argentina hace unos años, también 20 años después de finalizada la dictadura, que se abieron las puertas, ya los militares no guardaron el espíritu de cuerpo y algunos comenzaron a hablar. Así salió lo de los vuelos de la muerte y otras cosas.
En El Salvador estamos viendo que eso está comenzando a pasar en la insurgencia. El libro de Geovani Galeas y Berne Ayala es un ejemplo. Son ex dirigentes o mandos medios de la insurgencia que ya no se sienten acuerpados por la disciplina del FMLN y comienzan a decir cosas que son verdades, no invenciones. Ya cómo lo redactan y cómo lo vinculan a la responsabilidad institucional, es otro asunto, pero esa necesidad de contar cosas que antes no se contaban se está detectando en los militantes de la izquierda. Creo que la vamos a comenzar a ver también en la gente que participó en el Ejército. O sea, ¿se van a morir sin haberlo contado o lo van a contar? A nivel personal la mayoría decidirán llevárselo a la tumba, pero habrá posiblemente algunos que les nazca la inquietud.
No hay que olvidar tampoco que en las fuerzas armadas de El Salvador había muchos diferentes sectores que tenían visiones distintas sobre lo que era el conflicto.
De hecho no se conoce nada prácticamente de las pugnas internas que hubo en el Ejército durante el conflicto, y es de suponer que hubo tensiones.
Se sabe poco, pero no es que no se sepa nada. Hay un libro de dos gringos que habla sobre el ámbito del Ejército en la transición hasta 1992. Está el libro del ascenso del militarismo. Están también los libros de los asesores gringos.
No es que no se sepa nada, pero hay esa necesidad, partiendo de las fuentes, que ya están; por eso insistimos en el rigor académico de ese ejercicio, porque lo contraponemos con esa multiplicidad de generación de memorias que son muy parcializadas, muy efímeras muchas veces, justamente porque carecen de un fundamento serio que permite que un libro sobreviva las primeras 50 lecturas.
Entonces, partiendo de esas bases la tarea es principalmente sentarse, y estoy convencido, si viene un académico con la idea de estudiar la Fuerza Armada y tiene un proyecto de un año y medio o dos años para hacerlo, va a poder producir un trabajo fantástico, donde se va a conocer mucho más sobre lo que realmente pasó. Si se basa en las fuentes existentes y lo contrasta con entrevistas y con el archivo de la Fuerza Armada que hoy está semiabierto, hay posibilidad de hacer algo realmente interesante.
En la mesa redonda que coordinó Ralph Sprenkels junto a Eduardo Rey Tristán, titulada Fuentes y pistas para la investigación del conflicto armado, participó el Coronel Adalberto Ernesto García Ribera, que está a cargo del archivo histórico de la Fuerza Armada.
El oficial explicó que la Fuerza Armada cuenta con dos instituciones distintas encargadas de la historia de la institución.
Por una parte, el Centro de Historia Militar, ubicado en el Museo Militar en el barrio de San Jacinto de San Salvador, y por otra la Biblioteca General de la Fuerza Armada, en el Estado Mayor Conjunto, en la Avenida Manuel Enrique Araujo de la capital.
En ambos lugares, aseguró García Ribera, hay una gran cantidad de material referente a las operaciones que realizaba el Ejército durante la guerra, con fechas, lugares y otros datos que pueden ayudar a “atar cabos”.
“Fechas, momentos, pistas para poder profundizar en alguna temática específica”, dijo que podrían encontrar los investigadores. Todo ello, afirmó el militar, está totalmente abierto al público.
Sin embargo, ese archivo, con ser importante, también guarda a buen recaudo los documentos secretos, los que la propia Fuerza Armada no ha querido publicar, los que son “de uso privado”. Es en esos en los que seguramente se encuentran las principales claves para reconstruir la historia que no se conoce de la guerra de El Salvador.Otros medios
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