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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Julio 23 / 2014

Discurso del Presidente Mauricio Funes en la entrega del Premio Nacional de Cultura 2010

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Me complace recibirles esta noche en Casa Presidencial. Esta es su casa, siéntanse bienvenidos. Nuevamente celebramos este encuentro anual, el más relevante del año en el ámbito cultural de nuestro país.

La entrega del Premio Nacional de Cultura es una ocasión para rendir homenaje a intelectuales y artistas que, con su creatividad, su empeño y su trabajo, enriquecen la vida espiritual de El Salvador y nos engrandecen como comunidad.

Agradezco a la Secretaría de Cultura, a sus Secretarios, y a los funcionarios de esta misma dependencia de la Presidencia de la República, por supuesto también a los miembros del jurado la buena labor realizada para la elección del galardonado de este año.

Y felicito, por supuesto, al Premio Nacional de Cultura, al lingüista e investigador Jorge Ernesto Lemus Sandoval, que se ha hecho acreedor a este reconocimiento por su extensa labor académica y su incansable vocación docente.

Es la primera vez que el Premio Nacional de Cultura de nuestro país se otorga a alguien cuya trayectoria pone de relieve la multiculturalidad de nuestra sociedad.

Me parece de enorme trascendencia que sea así porque supone un gran paso hacia la interpretación de nuestra cultura como un quehacer plural, del que nadie debe ser excluido.

Tal como señalé en el Primer Congreso Indígena, celebrado hace menos de un mes, mi Gobierno está decidido a terminar  con la negación histórica de la diversidad de nuestro pueblo.

Somos una sociedad enriquecida por la diversidad, favorecida por el mestizaje y la fusión;  y es nuestro deber reconocerlo y promover esas múltiples expresiones humanas, culturales y sociales.

En esa ocasión también pedí perdón a la comunidad indígena que participó en este primer congreso por el atropello histórico y la exclusión que el Estado salvadoreño había llevado a cabo históricamente a través de décadas y décadas, hoy lo reitero  con este homenaje que realizamos a nuestro Premio Nacional de Cultura.

Este Premio que hoy otorgamos celebra justamente esa pluralidad y lo hace, además, no en la figura de un poeta, ni de un pintor, sino en la de un investigador.

El doctor Lemus ha puesto todo el rigor científico de su trabajo al servicio del estudio del lenguaje, que es el patrimonio cultural esencial y principal vehículo de expresión y comunicación de los pueblos.

De modo que hoy premiamos a un científico que con su trayectoria nos aproxima, a través de la metáfora de la lengua, a un problema central de nuestro país, a un dilema medular de nuestra sociedad, que no es otro que la construcción de nuestra identidad nacional.

Revisando la biografía del Doctor Lemus, nos damos cuenta, como lo acabamos de ver en el reportaje que presenciamos, de que su trabajo pone de relieve dos realidades que enfrentamos como país y que, sin duda, deben llevarnos a reflexionar seriamente.

La primera de ellas es la negación y el desprecio de que han sido víctimas nuestras lenguas indígenas y los hombres y mujeres que las hablan.

En este sentido, coincido con nuestro premiado de esta noche en la importancia de traducir la Declaración Universal de Derechos Humanos al Nahuat, como primer paso simbólico y necesario hacia el reconocimiento y la dignificación de los derechos de la comunidad indígena.

Y la segunda realidad que debemos observar y analizar en toda su dimensión es que aún hoy no existe en nuestro país una carrera de nivel superior específica dedicada a la lingüística.

Cuesta creerlo, pero no contamos con estudios superiores para el conocimiento profundo de la  herramienta más poderosa para la creación de una cultura nacional.

Nuestro premiado de esta noche ha tratado de suplir ambas carencias con su esfuerzo individual. A través de un esfuerzo exclusivamente personal.

Ha combatido prácticamente en solitario lo que podríamos calificar, casi, como un desdén histórico hacia la palabra, pieza esencial para la construcción de la identidad de un pueblo.

*Que bueno doctor que no fue persuadido por el profesor para no realizar su investigación y tuvo el tesón suficiente para mantenerse.

Ha trabajado en todos estos años para sacar de la opacidad al lenguaje, que para lingüistas como el norteamericano Noam Chomsky es ni más ni menos que el principio del pensamiento.

Con sus investigaciones, el doctor Lemus nos habla de un país al que se le han arrancado las raíces y que, desprovisto de ellas, navega a la deriva como hoja en la tormenta.

Porque él bien sabe que sin pasado no habrá porvenir.

Nos habla de una nación a la que se le han extirpado parcelas enteras de su historia y tradiciones, para implantarle modelos culturales y sociales ajenos y desiguales.

Nos habla de la erosión de nuestra identidad en el significado más medular del concepto, que no es otro que dar respuesta a las preguntas quién soy, qué soy, de dónde vengo y hacia dónde deseo ir.

Cuando empleamos a diario expresiones adoptadas del inglés, por ejemplo, esa elección no es casual, no es una moda, detrás de ella está la elección simbólica de un modelo, de una cultura que no hace sino devolvernos en el espejo una carencia de lo propio, una debilidad.

Ese proceso de desarraigo cultural no es, por tanto, algo meramente anecdótico.

Por el contrario, es un proceso implacable que, ante la indiferencia de aquellos que tuvieron en sus manos la defensa de nuestros valores culturales, ha ido despojándonos poco a poco de nuestra memoria, de nuestra palabra, de nuestros cimientos.

Pero la memoria es crucial para los pueblos y empieza por el lenguaje.

Celebro la cita hecha por Héctor Samour, de nuestro amigo ya fallecido Ignacio Ellacuría, el ejercicio de recordar es necesario, no como un ejercicio nostálgico que nos lleva a la inacción, sino como un proceso activo de entendimiento, de conocimiento que nos ayuda a comprender el presente y a transformar el futuro.

Recordar proviene de la hermosa expresión latina “re-cordis”, que significa “volver a pasar por el corazón”.

Eso es recordar nuestra historia y nuestra lengua.

Es volver a hacer pasar por nuestros corazones las palabras que con su sonido evocan el sentimiento de un pueblo, su expresión, sus luchas, sus alegrías y tristezas, sus sueños; en fin, su cultura.

Por eso es tan importante el trabajo pionero del profesor Lemus. Porque con su mirada hacia la lengua, hacia el origen, hacia el significado profundo de las cosas, nos muestra un código vivo, una estructura de pensamiento, una forma de ver el mundo. En definitiva, nos muestra los cimientos de una cultura; de nuestra cultura.

El doctor y profesor Jorge Lemus ha sabido entender que la lengua que hablamos, ya sea nahuat o español, constituye una parte fundamental de nuestra esencia y, cada día, invita a sus estudiantes a conocer profundamente esa esencia, a comprenderla, a volverla a pasar por sus corazones. Y en ese ejercicio nos invita a reflexionar sobre nuestro proyecto de sociedad, sobre nuestro proyecto de nación.

No creo, amigos y amigas, exagerar con mis palabras. Francamente, profesor; francamente, estas reflexiones surgen de estos señalamientos que nuestro premiado de este año nos hace. Decía al principio que me alegra que este premio sea para un investigador y maestro. Quiero hacer hincapié  de nuevo en este punto.

Lamentablemente, pocas veces en nuestro país la generosa labor del académico, del docente, recibe los más altos reconocimientos y, sin embargo, su trabajo es vital en la construcción de nuestro futuro.

En la modernidad, la lingüística ha cumplido un rol esencial en todo el mundo y ha sido pionera en el desarrollo de otras disciplinas científicas, desde el psicoanálisis hasta la antropología estructural o la semiótica, para no citar más que algunos ejemplos.

Pero más allá de eso, ha servido para transmitir a millones de estudiantes la importancia del lenguaje y de la comunicación, para cultivar la pasión por esa herramienta que nos abre las puertas a la comprensión mutua y que nos hace reconocer como parte de un mismo universo cultural.

La primera hermandad cultural surge de la lengua, sin dudas. Y la creación literaria y poética es la relación profunda de amor del creador con su lengua.

Compartir ese amor por la palabra y, más allá de ella, por todas las expresiones de la comunicación, es esencial para sumergirse en los secretos del conocimiento, para abrazar la ciencia y la cultura que tanto pueden ayudar a nuestro país y en especial a nuestros jóvenes.

Necesitamos, sinceramente, de más hombres y mujeres como el doctor Jorge Ernesto Lemus para cimentar los cambios que nuestro país necesita, porque sólo serán cambios profundos si son cambios culturales.

Y ustedes bien saben que en la base de los cambios culturales, encontramos una buena educación.

La lengua es, pues, un elemento central de la cultura, un elemento activo que no sólo transmite valores, sino que también los construye.

La lengua no es algo abstracto cuyo estudio está reservado a quienes desean encerrarse en una biblioteca.

De hecho y esto lo sabe muy bien el profesor Lemus, nada hay más vivo que la lengua, que toma nuevas formas cada día en el habla particular de cada uno de nosotros y de nuestras comunidades. Nada hay más poderoso para transformar la realidad, nada más infalible para despertar el espíritu que la palabra. Lo digo por experiencia propia, por el ejercicio periodístico por más de 20 años.

Por eso quisiera hacer mío el que sin duda es el deseo del Doctor Lemus y de otros muchos maestros de la lengua que han tenido que formarse en el extranjero; el deseo de que pronto contemos en nuestras universidades con una carrera dedicada específicamente a la lengua.

Tenemos que abrir, entre todos, nuevos espacios al estudio de nuestros idiomas.

Me consta que tanto la Secretaría de Cultura como el Ministerio de Educación, son sensibles a la importancia de esta  labor y continuarán apoyándola. Pero debemos hacer también un esfuerzo colectivo.

Debemos hacer el esfuerzo de país para abrir nuevos caminos al conocimiento de esa arma cargada de futuro que describió magistralmente el poeta español Gabriel Celaya.

Recordando sus versos, es decir, pasándolos de nuevo por el corazón, quisiera despedirme hoy de ustedes.

Y decía Gabriel Celaya: “Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre, son gritos en el cielo y en la tierra son actos”.

Como parte de este homenaje  a la lengua Nahuat, a la que el Profesor Lemus le ha dedicado muchos años de investigación, el Gobierno  de la República a partir de mi mandato, hoy, en cada acto oficial además del Himno Nacional en castellano, también lo cantamos en nahuat.

Gracias a todos por su presencia, una vez más, mi sincera enhorabuena al Doctor Lemus.

Que Dios le bendiga, que Dios bendiga a su familia, a sus estudiantes, que Dios bendiga al pueblo salvadoreño.

Muchas gracias.

San Salvador, 5 de noviembre de 2010

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