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Noticias de El Salvador - ContraPunto

Agosto 30 / 2014

¿Invasión humanitaria? Intervención estadounidense en Haití

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Luis Alvarenga (*) 
El terremoto que barrió con Haití es el pretexto ideal para enviar tropas y adueñarse del país, con la venia de lo que queda del gobierno “nacional”.

SAN SALVADOR-El gobierno de Barack Obama ya llevó a cabo el primer acto de invasión estadounidense en lo que va de su administración. Las esperanzas que levantó  su discurso de campaña, que se distanciaba de la era de los “halcones del gobierno de su predecesor, están más que marchitas. El terremoto que barrió con Haití es el pretexto ideal para enviar tropas y adueñarse del aeropuerto internacional, con la venia, por supuesto, de lo que queda del gobierno “nacional”. Acto seguido, diez mil soldados estadounidenses se han desplegado por la isla de Toussaint L’Ouverture.

Esta nueva invasión tiene un carácter “humanitario”, pretexto que no es, en absoluto, novedoso, porque humanitarias fueron las intervenciones de Estados Unidos y la OTAN en la antigua Yugoslavia. Imperialismo soft, si ustedes quieren. Brasil y Francia ya levantaron voces de protesta, pero es sabido que ni este tipo de protestas ni las sanciones morales sirven cuando ya todo está consumado. Si no, que lo diga Honduras.

¿Qué interés puede tener invadir un país que llegó a la peor de las pobrezas tras varios siglos de constante saqueo de parte de Francia, Estados Unidos y otras grandes potencias, y de varios siglos de pillaje por parte de sus propios grupos dominantes? La toma del aeropuerto de la capital y el desembarco de militares en Haití debe analizarse dentro de un contexto más amplio.

La actual administración estadounidense ha “retomado” la importancia geopolítica de América Latina, la cual se había desplazado en algún grado durante la era de Bush. No estoy diciendo que en la administración estadounidense anterior América Latina haya estado libre del asedio de los EE.UU., sino que no un objetivo tan prioritario, como si lo fue el afianzar el poderío estadounidense en Medio Oriente, en función del control de las reservas de petróleo.

En el contexto actual, es imperioso detener el avance de los proyectos de izquierda en la región. Así puede entenderse el surgimiento de nuevas bases militares en Colombia (enfocadas a mantener bajo amenaza a los gobiernos de Correa, Morales y, sobre todo, Chávez). Eso explica también algunas inconsistencias aparentes. ¿Por qué Estados Unidos no deja Guantánamo, aunque se ha comprometido a cerrar la prisión militar que tiene ahí? Sobre esto, hay mucha tela de cortar, porque el cierre de la mencionada prisión, que tuvo tan triste fama por los abusos cometidos contra los internos y que tuvo costos políticos para Bush, no implica justicia para los prisioneros, sino un simple traslado de éstos hacia prisiones en territorio estadounidense o español.

Apoderarse de Haití  es hacerse de un punto estratégico en el Caribe. Unos cuantos kilómetros de mar separan a Cuba de la parte occidental de la isla Española. Tampoco resulta del todo despreciable el hecho de que Haití se encuentre a las inmediaciones del Caribe colombo-venezolano. Nuevamente, la otrora colonia francesa es vista como una pieza estratégica de los intereses de los países hegemónicos.

Los países poderosos —en particular, Francia y Estados Unidos— no tienen interés en pensar cuánto le deben a Haití. El economista venezolano Julio Escalona lo formula en estos términos: “Haití fue muy importante para Europa y para el proceso de acumulación originaria de capital, durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Fue el despliegue del llamado Comercio Triangular, tres continentes (Europa, América y África) y tres productos (caña de azúcar, productos industriales y esclavos), a través del cual los conquistadores europeos y luego estadounidenses, montaron el más feroz y criminal intercambio desigual, que echó las bases de la Revolución Industrial y del gran despliegue del Sistema Capitalista Mundial.”

La reconstrucción de la isla caribeña necesita una verdadera ayuda humanitaria por parte de los demás países del mundo. Pero ninguna reconstrucción de la infraestructura material será suficiente, si no se reconstruyen los cimientos de la sociedad haitiana, que, hoy por hoy, enfrenta los dilemas de toda república neocolonial.

 

(*) Escritor y Columnista de ContraPunto

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